la calle es nuestra
Reclama las calles, movimiento de recuperación del espacio público a través de fiestas callejeras.
Bici acción, Quito
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Aportes enviados por Paula sobre el tema de nuestro programa especial por el dia de la madre...
La maternidad
La antropología y otras disciplinas también han generado aportes importantes que ayudan a mirar y a comprender las relaciones de poder que están detrás de la prohibición del aborto, permitiéndonos trascender la noción moralista con la que se emprende comúnmente esta discusión. Han definido al género como la construcción del ser hombre y ser mujer de acuerdo con un momento histórico particular y un sistema cultural que nos ubica en relación a condiciones económicas, políticas, simbólicas (Strathern, 1979). Así, en la sociedad patriarcal que rige el mundo donde los hombres controlan la vida de las mujeres –en todas las esferas, y sobre todo en la sexual/erótica-, la mujer es en tanto que madre. “La sociedad y la cultura patriarcales engendran a la mujer a través del parto, por la mediación del otro, del hijo” (Lagarde, 2003: 386). Para este sistema cultural, el hecho de que las mujeres sean biológicamente capaces de generar vida vuelve “natural” que seamos madres. Desde esta perspectiva, una mujer que no desea ser madre, debe dar explicaciones al respecto, y ya no es reconocida como mujer.
Abortar cuestiona el pacto cultural de ser mujer y la institución social que es la familia. “Si en la sociedad patriarcal el único papel reconocido a la mujer es el de ser madre y esposa, la maternidad asume el significado de un destino ineludible para ella, y el aborto provocado, que es la negación de la maternidad, se transforma por lo tanto en el acto supremo de rebelión hacia este destino” (Faggetti, 1986:31). El aborto simboliza la recuperación y el ejercicio del poder –siempre negado- de las mujeres sobre sus cuerpos y su sexualidad. En este sentido, constituye la máxima de las transgresiones en un sistema cultural donde las mujeres están subordinadas a los hombres y, además, deben aceptar esta jerarquización. Esto explica la severidad del castigo.
La maternidad es una construcción cultural más que el resultado de una condición biológica. Reconocerlo es reconocer la condición humana de la mujer, su condición cultural. Esto implica atribuirnos el control sobre nuestras capacidades de generar vida junto con un Estado que se preocupe por garantizar el acceso a la información, educación y recursos para poder tomar la decisión más coherente de acuerdo con esa condición humana (Cfr.: Rosado, 2005).
Además, “El poder patriarcal se expande a cualquier relación opresiva, por eso se articula también con las opresiones de clase, nacional, étnica, religiosa, política, lingüística y racial” (Lagarde, 2003.92)